«Controlar la respiración y concentrar la atención, especialmente en los detalles del último minuto. Comprobar parámetros de cerca de acuerdo a las prioridades. ¿Están todas las luces en verde? ¿Estaré seguro de levantar mi pulgar, cuando Ray, nuestro Director de Vuelo, pregunte a cada jefe de equipo por su aprobación una última vez antes del despegue?»

A la vez que el aeroplano se alinea con la pista para el sexto episodio de nuestra historia, esto viene de repente a mi mente, en un masivo remolino de estrés, adrenalina… y esperanza.

Solar Impulse

Christophe Béesau en el Centro de Control de la Misión. Foto: innovation-makers.com (blog Innovation Makers – Made in Altran)

Condiciones meteorológicas: pulgar arriba. Simulación: Pulgar arriba. Control de tráfico Aéreo, Ingenieros de la Misión, comunicación con la cabina de mando… pulgar arriba, uno tras otro, pulgar arriba. Ray sonríe por medio segundo, mientras escuchamos a Bertrand en la radio, realizando las últimas comprobaciones: “No alarmas. No advertencias. Temperatura OK… ¡los cuatro motores funcionando!” Sabemos, igual que él, que el éxito real del despegue depende de unos pocos segundos.

Finalmente, después de tres semanas de espera intensiva, y con el clima en China jugando con nuestros nervios como un niño travieso haciendo un truco tras otro, el aeroplano de Solar Impulse  finalmente despegó del Aeropuerto internacional de Chongqing, con un silbido casi silencioso de sus cuatro extraordinarios motores eléctricos que nos ponía un nudo en el estómago. Eso no es el sonido de un aeroplano, es el extraordinario sonido de la aventura en sí misma.

Evitando altocúmulos y termales, esquivando vientos cruzados y eludiendo lloviznas, estaremos volando a través de un agujerito. Un débil y frío frente va apareciendo frente a nosotros al aproximarnos a Chongqing desde el Noroeste, trayendo consigo una compacta capa de nubes que nos hace volar bajo, a 12.000 pies, para evitar lloviznas y nieve en el aeroplano, al menos para las primeras horas.

Cinco horas después del despegue, las temperaturas serán muy fuertes y Bertrand podría enfrentarse a algunas turbulencias, con cúmulos desarrollándose gradualmente sobre las montañas de Enshi. De acuerdo con Luc, uno de nuestros expertos en predicción, podemos esperar algunas máximas alrededor de los 16, 17.000 pies después de las 0500 Zulu, así que necesitamos una buena velocidad absoluta para la primera mitad del viaje para estar seguros de no cruzárnoslos. ¡Volando por un agujerito, como os decía!

La segunda parte del viaje se centrará en evitar vientos cruzados, jugando con la altitud para hacer los vientos lo más favorables posible para mantener nuestra buena velocidad absoluta y no tener que aterrizar muy tarde en Nanjing. Y mientras Bertrand charla con nosotros y relata una de sus pasadas entrevistas, todavía monitoreamos de cerca el nivel de energía y de carga de batería, bajo nubes parciales, para prepararnos para otra actualización en condiciones de superficie en Nanjing.

El aterrizaje se espera entre las 1300 y las 1600 Zulu, dependiendo de la velocidad absoluta en la segunda parte del viaje y de la claridad de aterrizaje dada desde la torre de control!

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