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Solar Impulse

Solar Impulse RTW: Korea del Sur

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Estamos a Sábado, 30 de Mayo por la mañana, como en un sueño, los cálculos actualizados han sido confirmados como correctos de nuevo por el equipo de Solar Impulse. Las condiciones meteorológicas mejoran sobre el océano Pacífico y por primera vez desde principios de mes, varias actualizaciones seguidas validan la brecha en el extenso frente de frío que debe ser cruzado para llegar a Hawaii. En el Centro de Control de la Misión, todo el mundo se encuentra ansioso por no dejar pasar esta oportunidad.

De repente, los informes actualizados son preparados a gran velocidad. Mejorando detalles de ruta, computando parámetros de vuelo, determinando márgenes de energía, ajustando cada parcela y cada estrategia de vuelo a cada aeropuerto, estudios de vientos, análisis de nebulosas y, por supuesto, condiciones detalladas de cómo cruzar ese frente frío. La lista de cosas que debemos hacer para preparar un vuelo es larga. Finalmente, clavamos nuestra ventana de tiempo, y después de consultar a los miembros del equipo, cada líder de equipo da su “luz verde”  a Ray, el director de vuelo, en una atmósfera tibia.

Solar Impulse

Christophe Béesau en el Centro de Control de la Misión. Foto: innovation-makers.com (blog Innovation Makers – Made in Altran)

Después de un despegue realmente emotivo, todo el mundo vuelve a un intenso nivel de concentración de cara a enfrentarse a 800 km de océano ante nosotros, para cruzarlo en 130 horas, un poco más de 5 días. Realmente es una hazaña para el ser humano y para la tecnología, primero por André, y también por el CCM (centro de control de la misión), que continuamente monitoriza, da consejo, se adapta, optimiza y contribuye al éxito de este histórico vuelo. En la noche siguiente al despegue, escribí en mi diario: “Sur de Corea, 31 de Mayo, 0411z. Volamos mucho más rápido de lo esperado, gracias al perfil de altura modificado hemos reducido significativamente el tiempo de vuelo en el Mar de Japón.

Hay buen humor. En la cabina de vuelo André  tararea de vez en cuando, lo que hace cuando está de buen humor, pero también ocasionalmente para ocultar su fatiga”. En el CCM, “el hormiguero que nunca duerme”, monitorizamos pantallas. Segundo tras segundo, números desplazándose hacia abajo, proyectando datos reales y telemetría  juntos con datos de vuelo previamente simulados. En silencio, todos esperamos por la parte más crítica de la información: la actualización del tiempo que incluimos en nuestro sistema de computación predictivo.

Dos horas después, nuestras caras comienzan a mostrar signos de preocupación. La brecha en el frente frío, que era claramente visible el día anterior, se difumina ante nuestros ojos. Esta es la dura realidad del caprichoso tiempo del pacífico. Así que volvemos a nuestros ordenadores para aplacar el “no tan Pacífico Océano” y encontrar alguna solución. Con la cuenta atrás haciendo tic-tac en la cabeza de todos, el equipo al completo se enfrenta a la pregunta más difícil: seguir volando hacia Hawaii o redirigir a otro aeropuerto.

Después de 20 horas de extenuante trabajo con el CCM al completo trabajando en “modo crisis”, esas 20 horas empleadas en analizar una computación tras otra, discutiendo sobre las diferentes opciones, evaluando el riesgo de cada una, considerando todos los posibles escenarios,  llegamos a esa fría y distante diva, cuyos caprichos son perdonados de antemano y la cuál no acepta nuestra invitación a colaborar en esta ilustre misión.

Nuestro aeropuerto de desvío es Nagoya, Japón, localizado en la propia isla de Honshu, casi exactamente en el paralelo 35. Y mientras André maneja con delicadeza el último acercamiento nocturno, las cámaras de dentro del avión nos muestran la Tierra del Sol Naciente durmiendo en silencio

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