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Restaurar la confianza en las instituciones públicas: transparencia, participación ciudadana y control de gestión. Parte 2: Participación ciudadana.

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Continuando con el post anterior, Parte 1: Transparencia, se expondrán brevemente algunos de los impactos positivos de la participación ciudadana en los asuntos públicos que les son de interés, y algunos ejemplos de best practices.

Es un hecho que actualmente los ciudadanos reclaman un mayor protagonismo en la construcción de la sociedad al percibir, con creciente intensidad, como nos sobreviene una democracia “low-cost”, con unas instituciones públicas deterioradas que se ven desbordadas por graves problemas económicos, que lejos de solucionarse, se han magnificado, y un creciente desapego entre política y ciudadanía, al menos en los términos en los que ésta se define actualmente.

La exigua confianza y credibilidad en las Administraciones Públicas es uno de los aspectos fundamentales que están lastrando la capacidad de crecer económicamente. ¿Sería posible aún restaurar esta confianza? La situación puede revertirse reconociendo e impulsando el derecho de los ciudadanos a participar en las decisiones acerca de qué es importante en la sociedad desde múltiples ángulos: político, económico y social, cuáles son los objetivos a alcanzar, y por tanto qué proyectos e iniciativas se articulan para lograrlos, colaborando en las diferentes fases de su gestión, desde el diagnóstico, pasando por el diseño del plan o políticas, su ejecución, y finalizando con su evaluación y control. Para un mayor grado de compromiso con las decisiones tomadas por la sociedad civil, las consultas podrían tener carácter resolutivo, obligándose a que las decisiones tomadas sean vinculantes, en vez de establecerse referéndums consultivos, en los que la consulta se limita a la expresión de opiniones.

De otra forma, ¿podría una sociedad “smart” excluir de la ecuación a las personas que van a hacer posible la transformación, tanto a los motores como a los beneficiarios? Tal como expresaba Isabel Ordoyo, Directora de Sector Público de Altran, en un post anterior, si se potencia una mayor eficiencia en la gestión de nuestras ciudades desde el enfoque “smart” circunscribiendo este concepto únicamente a la tecnología, se estará condenado al fracaso. Es necesario trascender el concepto y dar mayor protagonismo al retorno social y a la participación de los ciudadanos.

Además de la citada mejora en el clima sociopolítico y en la reputación de la vida política, la participación ciudadana junto a la transparencia, continuando con mi post anterior, también mejora la eficacia y la eficiencia en la gestión de “lo público”, potencia la conciencia de que el ciudadano es el dueño del rumbo que se quiere dar a la comunidad y el destino de sus impuestos, fortalece los cimientos de la sociedad civil, y contribuye a la formulación de demandas realistas por parte de los ciudadanos.

La iniciativa más extendida consiste en los llamados “presupuestos participativos,” que consisten en un mecanismo (o un proceso) por el cual la población define o contribuye a definir el destino de todo o una parte de los recursos públicos. Su primera aparición tuvo lugar en 1989 en algunas ciudades brasileñas, particularmente en Porto Alegre, expandiéndose posteriormente al municipio de Montevideo (Uruguay) en 1990, y más adelante al resto del continente y Europa. Habitualmente se desarrollan en el ámbito municipal.

Aunque en un principio la Administración Pública y Organismos Internacionales eran quienes promovían este tipo de actuaciones, en la actualidad muchas de estas iniciativas son impulsadas por la sociedad civil: ONG, fundaciones e incluso ciudadanos a nivel particular. En este sentido, es significativo el cambio tecnológico que han aportado las redes sociales, permitiendo acometer estas actuaciones con un bajo presupuesto y sin ser un experto en programación.

Algunos ejemplos

1. No entraré en detalles en lo relacionado con los presupuestos participativos, dadas las numerosas experiencias (con mayor o menor éxito) que se han puesto en marcha y la extensa bibliografía ya escrita sobre el tema, aunque quisiera hacer referencia por su importancia y la metodología utilizada a la elaboración de los presupuestos de Nueva York, donde los residentes de ocho distritos del consejo municipal deciden directamente como gastar 10 millones de dólares del presupuesto público. Desde septiembre de 2012 hasta abril de 2013 los ciudadanos intercambian ideas, y trabajan juntos para convertir las ideas en proyectos realizables y votan para decidir cuales llevar a cabo.

Participatory Budgeting in New York City

Participatory Budgeting in New York City

2. El proyecto Recortes inteligentes, promovido por la Fundación Iniciador. Se trata de una plataforma online de colaboración, enfocada a estimular las ideas, la experiencia y la innovación de los diferentes grupos sociales para afrontar la crisis de forma colaborativa con propuestas simples y concretas. Aunque en esta iniciativa no participa la Administración Pública, he querido resaltarla como muestra de proactividad en la sociedad civil a la hora de proponer nuevos caminos para superar los problemas a los que nos enfrentamos.

Recortes inteligentes, Fundación Iniciador.

Recortes inteligentes, Fundación Iniciador.

3. El proyecto Bristol, en Estados Unidos. Los ciudadanos proponen iniciativas para su ciudad en una página web, y éstas se votan de la misma manera que en las redes sociales, incluso se adopta el mismo lenguaje visual, haciendo clic sobre el icono “Me gusta” y/o introduciendo algún comentario. Posteriormente, el gobierno de la ciudad analiza las propuestas con más adhesiones y las lleva a cabo.

Proyecto Bristol.

Proyecto Bristol.

4. Aula abierta Sevilla. Es un edificio autoconstruido y autogestionado. Lo interesante del proyecto consiste en su financiación, a través de crowdfunding, y la publicidad del presupuesto requerido y las personas y entidades que colaboran en su financiación. Es un proyecto enmarcado en la actividad de “Goteo”, una red social de financiación colectiva y colaboración distribuida desde la que impulsar iniciativas que contribuyan al desarrollo del bien común, el conocimiento libre y/o el código abierto.

Aula Abierta Sevilla.

Aula Abierta Sevilla.

5. The civic crowd. En su web se construye un mapa con las diversas propuestas presentadas por ciudadanos, proporcionando un recurso de dominio público donde se puede: compartir información sobre los proyectos, discutir las ideas presentadas y proponer acciones, y ofrecerse como voluntario aportando trabajo personal para convertir las propuestas en realidades.

The civic crowd.

The civic crowd.

Un requisito fundamental para poder avanzar en el desarrollo de la “Smart society”, consiste en que las Administraciones Públicas estimulen y canalicen la participación de los ciudadanos en su construcción, aprovechando las facilidades que nos proporcionan las redes sociales para ello, tal como se ejemplifica en las iniciativas mostradas anteriormente.

Nacho Ascorve, Consultor en Altran.

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