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El radar tecnológico

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¿Qué es un radar tecnológico?

De entre las múltiples definiciones que se le dan al concepto de Radar, todas coinciden en que es un sistema capaz de detectar y localizar, siendo aplicable a cualquier ámbito cuyo uso pueda resultar de utilidad como, por ejemplo, el de la policía, fuerzas armadas, navegación, servicios meteorológicos, seguridad aeroportuaria, etc. Leyendo un poco de historia comprendida entre los siglos XIX y XX, se corrobora que su uso no es cosa de nuestros tiempos, sino que se remonta a la época de la Segunda Guerra Mundial en donde países como Alemania, Reino Unido y Estados Unidos ya lo utilizaban para afrontar la guerra. Ahora, en el siglo XXI, podemos acuñar el término de Radar tecnológico descrito como un servicio de vigilancia permanente, trasladando su aplicación dentro de cualquier organización con un alcance tanto estratégico como tecnológico que nos sirve para detectar tendencias y tecnologías que contribuyan a desarrollar mejor la actividad, así como a localizar su uso en un ámbito geográfico, mercado o sector en donde su implementación revierta en claros beneficios trasladables a un sector de actividad.

Pero, ¿qué hacemos en Altran cuando prestamos un servicio de Radar tecnológico? Pues llevamos a cabo un proceso sistemático de identificación, vigilancia, análisis y evaluación de diferentes elementos tecnológicos. Y ¿qué se entiende por vigilar un elemento tecnológico? Ayudar a nuestros clientes a evaluar cualquier tecnología, grupo de tecnologías, servicios o procesos, soluciones específicas de sus competidores o de otros proveedores, dentro o fuera del mercado local, de modo que se puedan anticipar cambios en el entorno, identificar nuevas oportunidades, tomar decisiones a nivel estratégico y táctico, así como estar al corriente en todo momento de los temas más relevantes y de mayor actualidad que puedan afectarles.

Radar tecnológico

El radar simboliza la función anticipadora para anticiparse a los cambios tecnológicos. Foto: Pixabay bajo licencia CC Deed CC0

Aplicación en universidades

Llegados a este punto, y para aterrizar el modelo del servicio de Radar tecnológico a un contexto práctico de aplicación, voy a escoger el sector de las Universidades, puesto que el Radar tecnológico actuará como motor y herramienta clave para responder a un entorno que requiere de cambios continuos y en donde conviven usuarios (alumnos) que están dotados para afrontarlos.

En un análisis inicial, estaréis de acuerdo conmigo que este sector es uno al que se le exige actualidad y que, por tanto, tiene que reinventarse continuamente para atender a los retos a los que se expone. En particular, así lo aflora el estudio Universitic 2013 realizado por parte de la Secretaría General de Universidades, con la colaboración de la CRUE-TIC. La finalidad del estudio es conocer la situación actual de las TIC en el sistema universitario español. De entre las múltiples conclusiones que se extraen de su lectura, permitidme utilizar algunas que me servirán para reflejar los retos a los que se enfrenta el sector y cómo la aplicación del servicio del Radar tecnológico puede aportar valor añadido para afrontarlos.

En primer lugar, estamos ante el reto de las plataformas que ofrecen asignaturas a distancia contra el modelo tradicional de las asignaturas presenciales (las plataformas MOOC tienen precios muy bajos a cambio de ofrecer una gran variedad de temas, contenidos verticales específicos, etc.), al que le siguen la internacionalización y el acceso a contenidos transnacionales, la necesidad de mantener actualizados estos contenidos, así como uno de los mayores retos: encontrar un equilibrio en los contenidos y prácticas académicas para acercarse cada día más a la práctica empresarial y viceversa; explicar a la Universidad cuáles son las demandas del mercado para seguir investigando en ellas.

Entonces, ¿por qué se debería invertir en servicios como el del Radar tecnológico? Básicamente porque nos permitiría afrontar los retos anteriores de forma que pudiéramos conocer qué tipos de plataformas educativas son las más comunes en el sector, cuál de ellas se adaptaría mejor a la Universidad y dónde están instaladas estas plataformas (tanto en un ámbito nacional como internacional). Del mismo modo, podríamos estar al corriente de las posibles soluciones en cuanto a herramientas de traducción simultánea, de modo que pudiéramos definir, tras aplicar un proceso de innovación docente, un nuevo concepto de aula donde se proveyese al estudiante de acceso a contenido internacional impartido por un profesor extranjero que no hablara más que su idioma natal.

Cierto es que el presupuesto global dedicado a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) ha sufrido los efectos de la crisis de los últimos años, lo que se evidencia en el ratio por universitario, el cual ha descendido este año otro 2%, situándose en 194 euros, un nivel de inversión que no era tan bajo desde 2006 según apunta el estudio Universitic. En particular, la media de gasto en TIC es del 3,27% del presupuesto global de la universidad, quedando lejos del 5% recomendable.

Fijémonos que, al mismo tiempo, estos datos suponen una controversia, puesto que del citado estudio se desprende que las TIC a su vez son promotoras de la docencia no presencial, de manera que el 92% del PDI y el 95% de los estudiantes ya utilizan plataformas de docencia virtual, suponiendo un 6,5% el número de titulaciones no presenciales frente al total de las ofertadas por las universidades españolas.

No obstante lo comentado, no perdamos de vista la relación que existe entre aplicar las TIC y la Innovación. En particular, el 38% de las universidades suele innovar incorporando nuevas tecnologías, aunque estas tecnologías no estén extendidas; en concreto, 1 de cada 3 universidades creen que dirigen las TIC de manera innovadora, mientras que 4 de cada 10 creen que lo hacen con un estilo similar al resto.

¿Cómo aplicamos la Innovación docente en este ámbito?

Tras haber analizado los retos del sector y comprobar la vinculación de las TIC con la innovación, y todo ello sin obviar las dificultades para la inversión, en mi opinión la innovación debe convertirse en la herramienta que permita a las Universidades dar respuesta a todas sus necesidades.

Como comentaba al principio del artículo cuando definía el concepto de elemento tecnológico, la aplicación del Radar no debe estar circunscrita únicamente a un ámbito tecnológico, sino que también puede responder a necesidades de negocio o estratégicas. Por ejemplo, el que un Vicerrector esté interesado en valorar cómo puede crear diferenciación con respecto a otras universidades es un reto al que el servicio del Radar puede dar respuesta. En este sentido, podría analizar qué prácticas e iniciativas están llevando a cabo otras universidades europeas y aplicarlas para responder a un objetivo concreto: aumentar la demanda de Masters creando ventaja competitiva.

Y finalmente, por qué no, el Radar también podría contribuir a que la comunidad universitaria se planteara la externalización de servicios no core, colaborando conjuntamente para disponer de servicios TIC cuya aplicación supusiera un ahorro de costes. Como dato de referencia, tomemos aquel que nos permite afirmar que a día de hoy el 84% de las universidades evalúan periódicamente la necesidad de externalizar ciertos servicios TIC. El resultado es que actualmente el 18% de estos servicios se ofrecen de manera externalizada, aunque supone un 22% menos de servicios con respecto al año anterior. En particular, sólo 1 de cada 4 universidades tiene definida una política que incluye la colaboración y comparación con otras universidades. Sin embargo, 6 de cada 10 comparten recursos TIC con otras universidades, por lo tanto, tenemos también la oportunidad de liderar acciones conjuntas que reviertan en el bien común y que, sin ser intrusivas en el negocio de cada una, todas puedan beneficiarse de ello.

Ventajas del radar tecnológico

En resumen, en las manos de este sector está valorar cuántas veces se dispone del momento para mirar hacia el medio y largo plazo, cuántas se puede pensar en una estrategia cuya decisión final esté soportada por un método formal, objetivo y minucioso que dé, a la toma de decisiones, una formalidad indiscutible. La cuestión es que pudiendo aplicar más o menos innovación docente, la vigilancia del mercado y de la tecnología debería ser parte del día a día en un entorno tan cambiante como el de la Universidad. Estar informado acerca de las tendencias existentes (servicio de titulares), hacer un estudio pormenorizado sobre un ámbito concreto (informes ejecutivos) o, sencillamente, el introducir constantemente la sistemática de la vigilancia (el Servicio de Radar en su mayor aplicación), son maneras distintas, y con alcances muy acotados cada uno, de pensar en la Innovación como la herramienta para anticiparse y transformarse al ritmo que marca el sector.

Alex Santos Rosique

Autor: Alex Santos Rosique

Gerente de Sector Público y Responsable de Universidades en Altran España

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