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Solar Impulse

Solar Impulse RTW: Ganarle al reloj… ¡y a las nubes!

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Una vez que en el equipo de Solar Impulse terminamos la “noche más peligrosa”, nos fue revelado un desafío final: descubrimos un segundo frente,  uno que no podía ser atravesado a la luz del día. Es como en los cuentos infantiles, donde el héroe piensa que su misión ha terminado, pero debe enfrentarse a una nueva prueba.

Aunque no tan activo, este segundo frente demandaba completamente nuestra atención: desde que  lo descubrimos bien temprano, nuestra baja altitud no nos permitió volar sobre él. Primero tuvimos que escalar en modo de espera, rastreando la progresión de nubes de mediana altitud al mismo tiempo. ¡Fue como intentar ganar a la vez al reloj y a las nubes!  Afortunadamente, el perfil de vuelo que teníamos preparado en mitad de la noche fue especialmente eficiente.

Christophe Béesau en el Centro de Control de la Misión. Foto: innovation-makers.com (blog Innovation Makers – Made in Altran)

En primer lugar,  nos las apañamos para rotar el avión 90 grados, dándole la espalda al sol. Esta maniobra pretendía adelantar el ”momento de Energía Neutral de la mañana” tanto como fuera posible (este es el momento en que las células solares almacenan la suficiente energía para que el avión pueda mantener un vuelo horizontal). El ascenso que habíamos planeado era realmente inusual: se suponía que se debería haber realizado en modo de espera, con variaciones de fuerza y velocidad durante dos escaladas consecutivas.

El resultado dejó satisfechas nuestras expectativas: durante el perfecto ascenso, dejamos atrás el cúmulo gracias a nuestra sorprendente estrategia. Eso nos activó para dirigirnos otra vez hacia Hawaii antes de lo planeado, con 75 minutos de margen.

Ahora mismo, a las 0850 UTC, el Centro de Control de la Misión está sorprendentemente tranquilo, casi en silencio. En las pantallas, es casi imposible encontrar alguna diferencia entre los parámetros simulados y los reales del avión, especialmente para el nivel de batería, que fue el parámetro más crucial para este cruce del Pacífico. Lejos de nosotros, a 8500 pies sobre el océano, en medio de la noche tropical, André tiene 20 minutos para descansar. En la oscura cabina del piloto, las cámaras difícilmente pueden detectar nada aparte del débil brillo emitido por dashboard de control de indicadores. Detrás de él, al este, todavía 38º debajo del horizonte, el sol no saldrá antes de 7 horas. ¡Siete largas horas antes de llegar finalmente a Hawaii con la suave luz del amanecer!

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