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Solar Impulse

Solar Impulse RTW: Mi favorito

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Trabajar en el Solar Impulse RTW es un proceso largo y exigente. A fin de estar preparado para todo, debes analizar y comprender cuidadosamente cada una de las 12 etapas, una detrás de otra, sabiendo cada detalle virtualmente de memoria.

Solar Impulse

Christophe Béesau en el Centro de Control de la Misión. Foto: innovation-makers.com (blog Innovation Makers – Made in Altran)

Cada etapa tiene un carácter único. Durante los años empleados en explorar los vuelos alrededor del mundo, con frecuencia me he sentido como un domador con un grupo de 12 tigres, entendiendo, mes tras mes, año tras año, cómo trabajar con cada uno de ellos. Alguno de ellos son fáciles de llevar, mientras que otros son difíciles y salvajes.

Debo confesar que este vuelo de Benarés a Mandalay es personalmente mi favorito, ya que vuela sobre el mítico río Ganges, cruza la extraordinaria bahía de Bengala, va sobre Chittagong, en Bangladesh, y sobre la costa de Myanmar, terminando con las salvajes montañas del noreste de Burma.

A las 23h 52 Zulu, la torre en Benarés anunció “Hotel Bravo India, espacio libre para el despegue”. Y de esta forma Bertrand despegó para la cuarta parte de su aventura, ocho minutos antes del horario inicial. El tiempo estaba bien, excepto por el riesgo de viento a poca altitud, por debajo de 700 pies, pero no era lo suficientemente fuerte.

Aquí, en el Centro de Control de la Misión (MCC), nos habíamos preparado para un perfil de vuelo particular, que combinaba la necesidad de manejar energía durante el viaje con requerimientos de los ingenieros del Test Team, que usarían este vuelo para el estudio de datos telemétricos.

Con este perfil, el avión voló 27.000 pies sobre el sur de Bangladesh y el norte de la Bahía de Bengala, con velocidades de viento de alrededor de 70 nudos. Todos miramos cuidadosamente las pantallas telemétricas, en particular la velocidad absoluta. 95 nudos… 98… 99… Finalmente alcanzó 100, con un estallido de aplausos del MCC.

De repente, el contador se volvió loco a medida que la velocidad record para un aeroplano que funciona con energía solar aumentaba. Ciento tres. Ciento diez. Ciento quince.

¡Ciento diecisiente! ¡Sí, este era el nuevo record conseguido! ¡Eso son más de 210 kilómetros por hora!

¡A medida que Bertrand aterrizaba de manera segura en Mandalay, nosotros nos preparábamos para celebrar este exitoso cuarto vuelo y este increíble record del mundo!

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